Los chavales íbamos a cualquier tienda de chuches en los que una viejecita simpática nos vendía muy baratos un aunténtico arsenal pirotécnico que paso a describir:
PETAS: Eran los más baratos, a veces la pólvora era insuficiente y hacían el mismo efecto que una bengala. Otras parecían no estallar y al acercarte daban el reventón. Con ellos he visto estallar lagartijas y racimos de uva de las parras.
RATILLAS: Hacían un molinete antes de estallar, y eran peligrosísimos, por lo impredecible.
FURREAOS: Dejaban sólo una mancha negra en el suelo que tu madre debía sacar con lejía.
CHUPINOS: Más caros, gran pepinazo, he visto volar en pedazos clicks y hasta ewoks de Mattel.
CHINOS: Era una tirilla de sucesivos de mucho ruido y pocas nueces.
La verdad es que yo era un cagón que sólo encendía empalmes de mucha mecha larga, y recuerdo más el miedo que me daban que otra cosa, pero cómo me gustaba ir detrás del dueño del mechero...
jueves, 10 de diciembre de 2009
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